Que no me traicione la luna
tan fuerte, brillante y tramposa.
Se esconde las veces que más la necesito.
El camino de la vida
lleva mucho polvo de los sueños rotos.
Polvo que sube al aire después de que camino
en las piedrecitas que perduran
de las esperanzas.
En aquellos momentos,
dentro de una nube de ese polvo,
y con pies en el lodo de lagrimas
necesito más la luna
-aquello celestial-
para recordarme
que existe algo más que yo
y cosas rotas...
existe luz, sencillez y
mundos fuera de mi alcance.
Entonces, paro por un momento.
Dejo que la nube, otra vez
descanse...
y veo, con paciencia, al cielo
con ojos fieles y fijos
Poco a poco,
la calma, la luz
me asegura otra vez que
con algo celestial, fijo,
que queda sin cambiar
por el humor de los hombres
que el polvo no importa
porque veo como brilla
la luna
la cual es hecha
de polvo también.
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